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Los tubérculos y rizomas son los principales reservorios. En especies como el haya o el roble, el almidón se acumula en amiloplastos de las células parenquimáticas, alcanzando concentraciones que pueden superar el 40% del peso seco en otoño.
Mediante un mecanismo de crioprotección osmótica. Las células incrementan la concentración de solutos como la sacarosa, lo que reduce el punto de congelación del citoplasma y evita la formación de cristales de hielo que romperían las membranas.
No se detiene, pero se ralentiza drásticamente. En robles, la respiración mitocondrial puede reducirse hasta un 80% respecto al verano, y se activan proteínas de choque frío que mantienen la integridad celular con un gasto energético mínimo.
Existen variaciones según la especie y el hábitat. Mientras que las hayas acumulan almidón en tubérculos, los helechos como Dryopteris filix-mas se basan más en la acumulación de azúcares solubles en rizomas. La ralentización metabólica es común, pero los detalles enzimáticos difieren.
Las reservas de carbohidratos almacenados durante el otoño son la fuente principal de energía para la brotación temprana, antes de que el dosel foliar esté completamente desarrollado y la fotosíntesis sea plenamente activa.